Los microplásticos ya se encuentran en todas partes, incluso en el cerebro humano, y no solo en el de algunas personas, sino en todas. Un estudio publicado en Nature Health identificó microplásticos y nanoplásticos en el 100% de las muestras cerebrales sanas analizadas y en 99.4% de las muestras enfermas, lo cual abre nuevas preguntas sobre su entrada al tejido cerebral y su posible interacción con enfermedades.
El trabajo, publicado el 20 de abril en la revista Nature Health, analizó 156 muestras de tejido cerebral enfermo de 113 pacientes con tumores, junto con 35 muestras sanas de cinco donantes fallecidos. La principal novedad del estudio está en la escala del hallazgo.
Estudios anteriores ya habían detectado polímeros artificiales en el cerebro, pero esos resultados eran limitados y, en algunos casos, difíciles de separar de posibles contaminaciones posteriores a la muerte. Esta investigación, liderada por Runting Li y Fa Lin de la Beijing Tiantan Hospital, incluyó tejido de pacientes vivos obtenido durante cirugías, un punto relevante para estudiar la presencia de microplásticos en condiciones clínicas reales.
De acuerdo con el estudio, las concentraciones promedio en tejido sano rondaron los 50.3 microgramos por gramo. En las muestras, los investigadores encontraron diferencias de concentración y diámetro entre tejidos, lo cual apunta a posibles rutas distintas de acumulación dentro del organismo.
El cerebro suele describirse como un órgano protegido por la barrera hematoencefálica, una estructura biológica encargada de regular qué sustancias pueden entrar al sistema nervioso central. La detección de microplásticos en tejidos sanos y enfermos no significa, por sí sola, que exista una enfermedad causada por estas partículas. Sí confirma que los polímeros pueden llegar a zonas del cuerpo consideradas altamente protegidas.
Uno de los datos más llamativos apareció en el tejido peritumoral, es decir, el tejido cercano a tumores cerebrales. El estudio reportó mayor concentración de microplásticos en esas áreas frente al tejido sano, y señaló una correlación positiva entre la superficie de los microplásticos y la proliferación tumoral. Los autores indicaron que la barrera hematoencefálica comprometida en casos de cáncer podría favorecer la entrada de estas partículas.
Esa relación no equivale a demostrar que los microplásticos causen tumores. La investigación presenta una asociación observada en las muestras y pide más estudios para establecer si existen vínculos causales entre microplásticos, nanoplásticos y enfermedades humanas.
La exposición cotidiana sigue siendo una pieza central del problema. Los microplásticos han sido estudiados como contaminantes capaces de penetrar tejidos humanos, aunque sus riesgos sanitarios todavía no están completamente definidos. La literatura reciente también ha documentado su presencia en varios órganos y sistemas, mientras revisiones científicas advierten sobre posibles efectos celulares vinculados con inflamación, estrés oxidativo y toxicidad.