El Ayuntamiento de Puebla tiene identificados más de 40 puentes peatonales que considera “obsoletos” y ha anunciado su retiro en distintos puntos de la capital. Estas estructuras, construidas en décadas pasadas para separar el flujo peatonal del vehicular, hoy presentan abandono, deterioro y, sobre todo, un uso cada vez menor por parte de la ciudadanía.
La razón principal detrás de este desuso es que la gente dejó de utilizarlos, ya que subir escaleras o recorrer rampas largas implica esfuerzo físico, pérdida de tiempo y, en muchos casos, incomodidad, especialmente para adultos mayores, personas con discapacidad o quienes llevan carga. Ante ello, los peatones optan por cruzar a nivel de calle, aun cuando esto implique riesgos.
Estudios de movilidad urbana, como los hechos por el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo, han documentado que los puentes peatonales registran una baja tasa de uso debido a los desvíos verticales y horizontales que alargan los trayectos, así como por factores como la mala iluminación, la percepción de inseguridad y el deterioro de las estructuras.
En Puebla, esta situación se ha agravado con el paso del tiempo, convirtiendo varios puentes en espacios inseguros, con presencia de basura, vandalismo e incluso reportes de asaltos.
Aunque en su origen estos puentes buscaban mejorar la movilidad al separar peatones y vehículos, la evidencia muestra que no necesariamente cumplen ese objetivo, ya que un porcentaje significativo de atropellamientos ocurre a pocos metros de estas estructuras, lo que evidencia que su sola existencia no garantiza cruces seguros.
Está demostrado que los puentes peatonales ofrecen ventajas claras en contextos específicos. Por ejemplo, en vías rápidas o autopistas, permiten separar de forma efectiva a peatones y vehículos, reduciendo puntos de conflicto directo, además, favorecen un flujo vehicular continuo al evitar interrupciones por cruces a nivel, lo que es clave en arterias de alta velocidad.
También resultan útiles en zonas con desniveles naturales o barreras físicas difíciles de sortear, donde un cruce a nivel no es viable y en ciertos casos, se consideran una solución “definitiva” por su carácter estructural y duradero.
Sin embargo, sus desventajas son significativas y explican su creciente desuso. Diversos datos muestran que no necesariamente reducen atropellamientos cercanos, además de que pueden convertirse en puntos de inseguridad. Refuerzan un modelo centrado en el automóvil, obligando al peatón a asumir desvíos y esfuerzos adicionales.
En términos de accesibilidad, excluyen a personas con discapacidad, adultos mayores o con movilidad reducida cuando no cuentan con rampas o elevadores funcionales; a esto se suma su alto costo de construcción y mantenimiento y su baja utilización real, ya que muchas personas prefieren cruzar a nivel, incluso con mayores riesgos.
Frente a este panorama, el gobierno municipal ha optado por impulsar cruces a nivel de piso, acompañados de medidas de calmado de tráfico como semáforos peatonales, reductores de velocidad, señalización e islas de refugio. De acuerdo con especialistas, este tipo de infraestructura favorece una mayor visibilidad entre peatones y conductores, reduce la velocidad vehicular y promueve un uso más amplio y accesible del espacio público.
Además de ser más incluyentes, estos cruces representan un menor costo de construcción y mantenimiento en comparación con los puentes peatonales, cuya edificación puede alcanzar hasta 1.5 millones de pesos en versiones austeras.
La estrategia también se alinea con la Ley de Movilidad, que colocan al peatón en el centro de la pirámide de movilidad y limitan la construcción de pasos a desnivel a casos excepcionales, como autopistas o vías de acceso controlado.
Con este cambio de enfoque, Puebla busca dejar atrás un modelo de movilidad centrado en el automóvil y avanzar hacia uno más humano, accesible y seguro; sin embargo, el debate permanece abierto entre la sociedad, que cuestiona si la eliminación de estas estructuras resolverá de fondo los problemas de seguridad vial o si será necesario reforzar la vigilancia y el diseño urbano para garantizar cruces verdaderamente seguros.